domingo, 25 de abril de 2010

¿Garantías?

Llevo unos días dando vueltas a un tema que aunque a primera vista poco tiene que ver con el Coaching o la Inteligencia Emocional, no deja de parecerme muy cercano a temas como el Desarrollo Personal, la Madurez, la Libertad personal y colectiva,…

Asistimos estos días (O meses) a determinados hechos que por extendidos y bien conocidos y comentados en todos los medios de comunicación, no dejan de ser sorprendentes al menos en mi modesta opinión.

Me refiero a algunos de los dimes y diretes en torno a la justicia que se están desarrollando en nuestra sociedad en los últimos tiempos, algunos de los cuales afectan también especialmente a nuestro país y a nuestra lengua y su comunicación escrita.

Siendo sincero con mi modo de pensar y lo que estoy percibiendo, tengo que decir que estoy realmente sorprendido de cómo todo un estado tiene la capacidad de ser tan ciego o tan acrítico actuando como masa, independientemente de las legítimas creencias políticas de cada cual.

No seré yo quien defienda el sistema democrático como el bien absoluto de nuestro ordenamiento social ya que lo siento y lo vivo como un mal necesario con muchos defectos frente a minorías y voluntades individuales y muy alejado de mi querida y ansiada @narkia, ya imposible en el siglo XXI,… pero en algo nos tenemos que basar para convivir, ¿No?

En cualquier caso y hecha esta aclaración, me quedo casi sin palabras cuando escucho a políticos, periodistas y tertulianos varios decir que nuestro sistema judicial es “garantista”,… y nos quedamos así, tan tranquilos,…

Yo en su día estudié que el Estado se basaba en tres poderes de funcionamiento independiente y que servían para garantizar el bienestar de los ciudadanos que se sometían al sistema, precisamente gracias a esa separación e independencia de funcionamiento entre otras cosas.

Parece una lección de una clase de educación secundaria, pero ¿Dónde demonios está la separación del poder ejecutivo, legislativo y judicial? (Perdón por la expresión pero no puedo por menos).

Todos los días vemos y oímos en los informativos de televisión y radio cómo esto es una falacia en nuestro estado, políticos de dudosa honradez, jueces parciales y elegidos por partidos, denuncias político-judiciales de difícil comprensión, manipulaciones, mentiras, tribunales incapaces de cumplir su cometido, todos metidos en todo, jueces estrella, maniobras para aupar a unos y hundir a otros,… ¿Cómo es posible que traguemos todo esto sin un basta ya?

Que alguien me diga qué garantías tienen las personas que llevan años esperando una sentencia –cualquiera que sea el presunto delito cometido- en un caso dudosamente investigado, que afecta a su vida profesional y personal, con su honor e integridad puestos en entredicho durante ese tiempo, socialmente vapuleados por unos o manipulados por otros durante años,… y sin saber lo que va a ser de sus vidas gracias al “sistema”.

Señoras y señores jueces, políticos, tertulianos varios,… ¿No se les cae la cara de vergüenza con eso del “garantismo”?

No digamos nada cuando el sistema lleva meses, meses y meses tendiendo en vilo a todo un pueblo al que se le niega el derecho a poner en práctica lo que ha decidido por el bien de sus propios ciudadanos de modo “democrático” usando sus legítimas instituciones representativas.

Podríamos seguir hablando de otros temas, incluso más “terrenales” si cabe, como la presunción de culpabilidad que sobrevuela en casi todos los ámbitos de nuestra sociedad, desde lo meramente personal hasta lo empresarial (Autónomo = potencial defraudador por decreto ley de las haciendas correspondientes, v.gr.) y donde la carga de la prueba está en el denunciado y no en el denunciante,… (Es decir: Soy culpable y tengo que demostrar lo contrario si no quiero una buena multa o algo peor); pero nada de esto mejora el panorama.

¿A dónde vamos a llegar? ¿Cómo es posible que todos traguemos sin decir nada? ¿Cuándo vamos a demostrar que somos una sociedad adulta? ¿Desde que perspectiva nos permitimos llamar a otros “república bananera”?

No hago más que pensar como me sentiré el día que me toque también a mi,… y la verdad es que me gustaría bajarme de este tren porque tiene pinta de que va a descarrilar en algún sitio,… y ya se sabe qué vagones son siempre los que se llevan la peor parte en estos “accidentes”…

viernes, 16 de abril de 2010

Escuchas y Escucha Emocional

Dando vueltas a sensaciones diversas que he ido incorporando durante estos últimos intensos días, reflexiono sobre lo que he escuchado, en qué medida me he sentido escuchado y en general, en los grupos o equipos en los que he estado estos días con clientes, compañeros, proveedores, candidatos,… cómo ha sido el día a día de nuestras “escuchas”.

A decir verdad, los niveles de escucha han sido diversos en todos los lugares en los que he estado y tengo que decir que mis sensaciones y mis emociones, cómo he salido de esas jornadas y en qué medida me he encontrado satisfecho en ellas ha dependido en gran medida de los niveles de escucha que he sentido.

También he percibido que en los lugares en los que no me he encontrado demasiado a gusto o he encontrado barreras invisibles para conectar, en realidad yo mismo no he estado en la mejor disposición para ello, incluso recapitulando y buscando más datos, me doy cuenta de que es posible que haya perdido demasiada información –de todo tipo- por el nivel de escucha desplegado.

… una clara y palpable de demostración de que previamente a la escucha que puedas “exigir” a otros, la disposición que tú lleves incluso la disposición en las que te encuentres en esa entrevista, en esa reunión o en ese curso, tiene una influencia brutal en la información que eres capaz de procesar, pero no sólo en ello.

Son también muy diferentes las emociones que se despliegan según el nivel de escucha que estés dispuesto a poner encima de la mesa, todo lo que se pueda profundizar en la escucha revierte en una presencia más plena y en un “bienestar” emocional más allá de la mera satisfacción por un trabajo bien hecho, por una aportación adecuada o una sesión bien realizada.

La relación entre la escucha y la inteligencia emocional o la relación entre las emociones y la escucha, se me antoja experiencialmente evidente en mis vivencias de esta semana, como una luz que se cuela por las rendijas de la persiana al amanecer y rompe la oscuridad de la habitación…

¡Eureka!, sí, es por eso que en determinados foros no me encuentro a gusto, no conecto como me gustaría,… tiene que ver con la escucha que despliego en cada situación y… con las escuchas de los que participamos en dichos foros, las que desplegamos todos, por eso en unos sí y en otros no, por eso esa sensación de insatisfacción en un lugar y esa otra de plenitud en otros.

Plantearse que según la calidad que desarrollemos a la hora de escuchar en los lugares en los que nos encontremos así serán nuestras sensaciones y emociones, puede sin duda ser un buen instrumento para participar de otro modo en los foros de los que formemos parte,… y un modo interesante de mejorar nuestra “presencia” (Entendida como “calidad de presencia”) y participación, teniendo además el “efecto colateral” de encontrarnos emocionalmente mejor y más satisfechos y aumentando también nuestra presencia social y la calidad de la aportación que sumamos a los equipos de los que formamos parte o los lugares donde participamos.

Del mismo modo esa calidad de escucha y presencia hace que podamos desplegar nuestra escucha emocional hacia los demás y ser capaces de llegar mucho más lejos en nuestra comprensión del punto de vista del otro, de lo que siente, de cómo vive las situaciones que compartimos,… en definitiva nos hace ser capaces de conocer y entender a los demás más, más profundamente y más auténticamente.

El siguiente paso será preguntarme por qué en cada situación las cosas son diferentes y qué hacer para disfrutar más plenamente en todos los foros.

domingo, 4 de abril de 2010

“Los Próximos 30 años” de Álvaro González-Alorda

Ha caído en mis manos este libro por la recomendación de mi estimada Olga, compañera de fatigas en los grupos de trabajo que ella potencia y modera magistralmente desde el Consorcio de Inteligencia Emocional, en una de nuestras conversaciones sobre nuestros deseos de “Ser el cambio que nos gustaría ver en el mundo” como reza la famosa y sobradamente conocida frase de Ghandi.

Lo conseguí el mismo día que me lo recomendó y la verdad es que lo he “devorado” en poco tiempo porque de manera sencilla, práctica y ágil explicita muchas cosas interesantes para un emprendedor como yo que, a pesar de llevar sobre sus espaldas ya muchos años y varias empresas creadas o participadas, nunca deja de aprender de aquellas personas que con su mejor voluntad intentan poner encima de la mesa su sapiencia para ayudar a otros menos avezados como es mi caso.

Según reza la portada del libro, los próximos 30 años “Van a ser los más interesantes de la historia de la humanidad. Y a ti te toca decidir si quieres vivirlos como espectador o como protagonista” y la verdad es que solamente este primer pensamiento que te asalta antes comenzar a leer la obra, me ha “enganchado” desde el primer momento en su lectura.

Durante el recorrido por sus páginas, he recordado –tal vez tienen algunas ideas de fondo que tocan las mismas fibras- aquél otro libro que en su día me impactó sobremanera: “50 claves para hacer de usted una marca” del siempre ameno y original Tom Peters.

Según Álvaro González-Alorda, nos encontramos con generaciones de personas que se encuentran atrapados en una “vida profesional plana” y bloqueados a la hora de desempeñar el puesto de trabajo que ocupan la mayor parte de su tiempo.

En muchas ocasiones con talentos infrautilizados por las organizaciones, nos lanza el reto de tomar las riendas de nuestra vida profesional y acometer la tarea de encontrar un maestro inspirador, que nos permita recorrer las etapas del aprendizaje con una mayor rapidez, usando el atajo de la colaboración y el aprendizaje práctico (Pone el ejemplo de su propia experiencia con Luis Huete y la peculiar manera en que se conocieron ambos y creció una colaboración que perdura)

Anima a ser valientes y a través de la autodisciplina y la creación de nuestra propia marca personal, ser innovadores, emprendedores y tomar la iniciativa, “apuntar a la luna” -como en su día hizo el Presidente Kennedy para inspirar a su país- para que nuestro objetivo guíe nuestra actuación y no perdamos foco del diseño de nuestra propia vida y para así poder perseguir nuestros sueños.

Según Álvaro es imprescindible buscar el equilibrio, rodearnos de personas de las que aprender haciendo y cultivando amigos de verdad, creando nuestro propio modelo de negocio, usando las redes sociales con una estrategia clara, etc. Con la perspectiva final de dedicar nuestros próximos 30 años a cambiar el mundo.

Asumir nuestro propio destino, ser capaces de tomar las riendas y pensar en el futuro profesional en términos de cambio, de iniciativa, de innovación, de aprendizaje constante, de cultivo de las relaciones de amistad y de las relaciones que nos hacen crecer y aprender cada día,… no es tarea fácil aunque no deja de ser muy motivadora y muy esperanzadora, ¿No te parece?.

¿Puede haber alguna misión más importante que esa para los próximos 30 años?