lunes, 15 de febrero de 2010

Libertad

Asisto desde hace tiempo a algunos foros donde se plantean nuevas formas de hacer las cosas, nuevos modos de trabajar, visiones diferentes de las organizaciones, del trabajo, de las relaciones personales y laborales, recetas mágicas de nuevo cuño, viejas ideas vestidas de nuevo, conceptos y conceptualizaciones sorprendentes y atractivas, estilos de liderazgo diversos, etc., etc.

En cualquier caso, como ya me habréis oído/leído, ideas, teorías, descripciones, todas respetables para mí si,… aunque me asalta una preocupación que tal vez ya haya traslucido en algunos de los post que llevo publicando este tiempo y que me viene a la mente casi en cada uno de los encuentros en los que participo de un modo u otro.

Incluso en temas relacionados con el Coaching, que, como sabréis ya, busca un desarrollo integral de la persona y de sus relaciones, asisto a veces atónito a una suerte de teorías, metodologías, plannings o proyectos en los que se pone encima de la mesa un cambio, una nueva visión, un nuevo planteamiento, un nuevo estilo,… que me asustan un poco,… os cuento:

La pregunta que casi siempre me viene a la cabeza es ¿Y si el sujeto de la intervención no quiere “ser intervenido”?, ¿Y si estamos diciendo a las personas lo que es bueno para ellas sin tener en cuenta lo que ellas sienten y piensan?, ¿No estaremos dando “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, en una nueva variedad de Despotismo Ilustrado del siglo XXI?

Y la verdad, me asusta que quienes claman contra el uso del vocablo “recursos” para calificar a los “humanos”, luego planteen un método de trabajo que está basado en los humanos pero sin contar con ellos, no porque no respete sus ideas, sino porque enmascaren algo diferente a lo que parece a primera vista.

En las organizaciones en las que intervenimos, como Coaches, formadores o consultores, a veces corremos el peligro de considerar a las personas como entes incapaces de decidir por sí mismos –si, el tipo de trabajo y relación ha cambiado, sin duda en las empresas, ellos tienen el conocimiento, pero siguen sin tener el poder de decidir-

Y aquí entramos nosotros, “los que sabemos qué te conviene”, los que decidimos qué tiene que ser tu futuro y los que te anunciamos a bombo y platillo que o nos haces caso o te espera un futuro muy complicado y tu empresa acabará hundida,… así que por la cuenta que te tiene, haz Coaching, cambia tus relaciones en la fábrica o fórmate en habilidades sociales –aunque ya las tengas-, porque es lo que yo decido que te conviene y si no,… no te voy a echar,… pero tu sabrás lo que haces…

Y a mi me preocupa cómo potenciar a las personas que deseen mejorar, cómo ayudar a que los adultos se puedan comportar como tal, que puedan elegir, que sepan lo que se cuece en el organigrama “por encima de ellos”, que tengan la potestad de decidir por ellos, que puedan ser “El dueño de su destino y el capitán de su alma” que diría Morgan Freeman en Invictus.

Y esa es mi guerra, como decía una buena amiga: “jugando al juego que haya que jugar”, para poder ayudar a transformar a las organizaciones a favor de las personas y lo que quieran SER, de lo que las personas decidan que quieren que sea su vida, que no es un camino de rosas, que la libertad da miedo como diría Fromm, que poder elegir da miedo, crea inseguridades, vértigo vacío, soledad,… pero que hay que propiciar la oportunidad para elegir,… aunque sea para decidir no elegir, si.

No voy a utilizar el miedo, la crisis el futuro negro o la bolsa para justificar lo injustificable, no quiero. Aprovechemos las situaciones para estar mejor, crecer más, decidir, ejercer de adultos y decir “no” si lo consideramos oportuno y adecuado.

Probablemente el camino sea el desarrollo de la libertad, que cada uno podamos elegir lo que queremos y lo que no, que todos los adelantos, todo el desarrollo, toda la tecnología, la capacidad de comunicación, la globalización o la glocalización, nos sirvan para ser más nosotros, de cualquiera que sea la forma que lo entendamos.

…. y queridos amigos, esta es mi guerra utópica, mi norte y mi “Marca Personal” como se dice ahora.

¿Y el tuyo?

6 comentarios:

  1. Lo que pasa es que "si no quieren" puesssss no hay negocio, ¿no? Perdón, es que me ha salido la vena coachingcriticona ;-)

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  2. Claro!. Yo también tengo esa vena y no me sale de vez en cuando, es perenne.

    Eso no quita que no crea en la potencia y utilidad del Coaching,... pero no en las condiciones o en los parámetros en los que se vende hoy en día. En la mayoría de los casos no deja de ser una "herramienta" más, que pasará de moda (Como la gran mayoría) precisamente porque pasa de puntillas sobre cosas como la libertad de elegir de las personas.

    El negocio estará en ayudar a quien realmente quiere ser apoyado (win-win).

    He escuchado hace poco una conferencia de un alto cargo de un gran banco hablando de las excelencias del Coaching, decía que se sometió a un proceso a los "Top" del banco (Ya empezamos mal)y mi preocupación es qué pasa con el "Top" que no quiere o decide no querer entrar en ese juego. ¿Es "voluntario" o se puede no ir? ;-)

    A mi personalmente me encantará que los Coaches lleguemos a no hacer falta, como los Directores de Recursos Humanos, o los Departamentos de Calidad... y mi objetivo es ese.

    Cuando ocurra ya trabajaré de cualquier otra cosa puesto que mi objetivo no es hacerme rico con ésto, sólo me gustaría dejar el mundo un poco mejor que antes de estar yo en él y poder vivir lo suficiente (Tampoco demasiado) para poder ver un poquitin de ese cambio.

    Así que por favor, manten la vena coachingcriticona por favor, si es para que las personas puedan algún día estar mejor y yo voy contigo.

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  3. El problema de este tipo de "intervenciones" es cuando se "ofrece" café para todos. Lo malo no solo es quien no quiere ser coacheado si no, y casi me parece peor, quien una vez en el proceso, quiere SER de una forma y por prescripción se le invita a ser de otra...

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  4. Hola Saioa, gracias por tu comentario.
    Te diré que por muchas cosas que oigas por ahí, no hay Coaching si no hay voluntariedad y libertad absoluta,... del mismo modo un Coach jamás invita a un Coachee (Cliente) a SER nada que él no quiera SER y en cualquier caso lo único que un Coach puede hacer es acompañar un proceso en el que él no decide el objetivo final, es el cliente quien decide sus metas.
    Todo el mundo puede traicionar los códigos deontológicos de sus profesiones con objetivos diversos, allá cada uno, pero que se sepa lo que es y lo que no es Coaching,... guste o no guste a los poderosos.

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  5. Hola Iñaki, acabo de leeros a los tres y comparto vuestra opinión pero me gustaría matizar una cosita: como tu dices Iñaki, estos procesos deben de ser voluntarios y libres algo que en las organizaciones resulta complicado creer que se hace así, además curiosamente quien lo propicia luego no participa parece como si con él no fuera, ya sabes no? pero si lo vemos desde un punto de vista personal yo díría que las probabilidades de obtener resultados son mucho mayores. Partimos de que eres consciente de que tienes un " problema" o mejor "sientes que te pasa algo y que tu sólo no puedes " y decides acudir a un coach. Creo que el encuentro inicial es fundamental, si sientes una cierta química con esa persona, por lo que te dice, por lo que te transmite, por su no verbal... es probable que aunque te diga algo que a priori te cueste, termines intentándolo. Para mi la clave está además de en que seas un buen profesional, que se dé esa química con el cliente. Esto es como cuando te preguntan por un buen psicólogo, el que a tí te ha servido a mi no. La clave está en "conectar" puedes ser un buen coach pero si el cliente no conecta contigo, no siente eso que a veces nos sabemos describir cuando conoces a una persona y te dices,(esta persona me transmite buenas vibraciones )es difícil llegar a algo.

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  6. Hola Nekane, muchas gracias por leernos y por contarnos tu opinión, es un honor que vengas a pasar un ratito por aqui de vez en cuando y espero que lo hagas a menudo.

    Respecto a tu comentario, en líneas generales estoy de acuerdo con lo que comentas, aunque, por intentar matizar algo más te diré un par de cosas que me sugieren las ideas que planteas:

    -Muchas veces echamos la culpa de lo que nos pasa a la Organización,... pero ¿quién es esa señora de la que hablamos?. ¿No es hora ya que desde las organizaciones de las que formamos parte empecemos a tomar las riendas de nuestra propia vida, de decidir lo que queremos y lo que no queremos?

    -Te aclaro (Aunque creo que ya tienes conciencia de ello es interesante remarcarlo) que no hace falta tener un problema para usar el Coaching como algo útil para las personas. Basta con querer generar un cambio en tu vida o en tu entorno o fortalecer parte de lo que eres o de tus cualidades o intentar mejorar la relación con tu equipo de trabajo... cualquiera de ellas y otras muchas son suficiente razón para acudir a un Coach.

    -Esa química de la que hablas, efectivamente muy necesaria en casi todos los ámbitos de la vida, en Coaching se suele llamar Rapport, conexión,... que es física, emocional e intelectual.
    Esta es una de las funciones principales de un Coach al acercarse a un cliente, crear ese clima, ser capaz de establecer esa conexión, esas buenas vibraciones que como enseguida deducirás, es muy difícil transmitir si no sientes a cada cliente como alguien valioso, libre, capaz de elegir y con la potencia de llegar a donde desea.

    Espero haberte ayudado con la reflexión y encantado de que andes por aquí.
    Un fuerte abrazo.

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