viernes, 6 de noviembre de 2009

Objetivos, objetivos, objetivos,...

Difícilmente nos planteamos hacer un viaje, sin la idea de dónde queremos llegar. Una vez decidido el destino, nos vamos planteando cuándo, cómo, qué medio vamos a usar,...

Y desde ese momento empezamos a disfrutar de los preparativos del viaje, revisamos el coche o compramos el billete de tren o de avión, vamos pensando en la maleta, qué vamos a necesitar, incluso compramos alguna cosilla que prevemos necesaria, planificamos lo que vamos a hacer: alguna excursión, conocer sitios cercanos a nuestro destino,...

Hasta aquí, lo normal,... ¿No? pero os planteo un par de reflexiones si os apetece:

¿Qué pasa con nuestro viaje más importante, el viaje de la vida? Probablemente en muchos casos nuestra manera de plantearnos este viaje no se parece demasiado a lo anteriormente descrito.

Aparentemente no hay un destino claro, no hay un horizonte al que podamos ir acercándonos, no suele haber un objetivo -o varios- claramente pensado, deseado, especificado, verbalizado, visualizado.

Vivimos porque vivimos, “bastante tengo con lo que tengo como para filosofar”, a veces con la sensación de andar como gallinas sin cabeza, dándonos una y otra vez contra las mismas paredes.

Y no digamos nada respecto al mundo de la empresa y las organizaciones en general,... cuando planteas en algunos casos la pregunta fatal: ¿Cuáles son los objetivos de la organización?, la mayoría de las personas se quedan mirando como las vacas al tren,... nunca me lo he planteado, ni sé si la empresa lo ha hecho.

Probablemente hablamos con una organización plagada de carteles de la misión, la visión, los certificados de calidad por las paredes, el credo para los clientes y proveedores, etc. y sin embargo los que la hacen funcionar no saben muy bien para qué, más allá de dar de comer a la familia que ya es objetivo suficientemente importante.

Para qué, es la pregunta clave, es la que nos pone en el camino, es la que nos da sentido, es la que nos alinea las acciones, con los valores, las creencias y lo que queremos hacer en este mundo.

Cuando en cualquiera de los ámbitos en los que nos movemos, somos capaces de plantearnos el “para qué”, surgen los caminos, se aclaran las nieblas y comienzan a tener sentido muchas cosas.

Un vida con un para qué, una empresa con un objetivo, una relación con un horizonte, dan sentido, enriquecen y, de hecho, solamente el planteamiento y la visualización del final del camino, del horizonte, del objetivo, del para qué en definitiva, es por sí mismo más motivador que cualquier otra cosa y si no probadlo.

Pongámonos a ello entonces, pensemos, planteemos nuestro camino, veamos nuestros objetivos, modifiquémoslos si nos van surgiendo “paradas” interesantes o nuevos senderos en el viaje, en cada acción preguntémonos ¿Para qué?,... tomemos tiempo para decidir nuestro destino o ¿No os parece lo suficientemente importante?

Os dejo un interesante video de mi apreciado José Pedro que tiene mucho que ver con éste post.

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